viernes, 9 de abril de 2010

IV

IV




¿Es la corrupción inherente al sistema?
En la nueva ética relativista que quiere sacar a empellones a la moral, se hizo indispensable crear otros “valores” que hicieran posible una gestión justificable y despreocupada para alcanzar las metas que fijó el nuevo orden mundial.
Lo inamovible de la moral, la única, la de siempre; lo volvieron relativo.
La nave donde navegaba la sociedad, la sacaron del mar abierto y diáfano y la pusieron a flotar en aguas negras.
Pero como lo que hay impreso en cada ser humano es imborrable y a pesar de los descomunales esfuerzos por extirparle lo que hay en su conciencia sin matarlo, es imposible de alcanzar completamente, debieron entonces acomodarse a las circunstancias y transmitirle a las masas la impresión de que ellos también practican la ley natural y acudieron a la hipocresía, que siempre interpretaron con arte inigualable.
Existen en nuestros tiempos unas protuberantes herramientas que han sido creadas para sus oscuros propósitos y de cuyos comportamientos fariseos ya nadie se escandaliza, por lo frecuentes, desvergonzados y obvios.
Pero dejemos que sea Naomi Klein quien nos ilustre con su nota, BANCO MUNDIAL: HISTORIAS DE HIPOCRESIA, CORRUPCION Y DESPRESTIGIO, que nos permitimos tomar de la red (http://porlaboca.blogspot.com/2007/05/banco-mundial-historias-de-hipocresia.html) y a continuación transcribimos:
No es el acto en sí mismo; es la hipocresía. Tal es la línea que sobre Paul Wolfowitz viene marcándose desde las páginas editoriales del mundo entero. No es ninguna de las dos cosas: ni el acto (saltarse las reglas para aumentar la paga de su novia), ni la hipocresía (el hecho de que la misión de Wolfowitz en el Banco Mundial fuera la de luchar por la “Buena Gobernanza”).
Empecemos con el problema de la pretendida hipocresía. “¿Quién quiere recibir lecciones de alguien que dice: ‘haz como te digo y no como yo hago’”?, preguntó un periodista. Nadie, claro está. Mas eso es precisamente una descripción harto ajustada del póquer de despojo unilateral que es nuestro sistema de comercio global, juego en el que EEUU y Europa –a través del Banco Mundial, el FMI y la OMC— dicen al mundo en desarrollo: “Bajad vuestras barreras comerciales, que nosotros mantendremos las nuestras levantadas”. Desde subsidios agrícolas hasta el escándalo del Dubai Ports World, la hipocresía es el principio y la directriz de nuestro orden económico.
El sólo crimen de Wolfowitz ha sido hacer suya la postura de la institución internacional que dirigía. El hecho de que haya respondido al escándalo contratando a un abogado célebre y saliendo a comprarse un “entrenador” de liderazgo, no deja de ser una prueba de que le ha calado en lo más hondo el estilo del Banco Mundial: en caso de duda, gástate el presupuesto en consultores carísimos, y llámalo ayuda.
La mentira más grave que subyace a toda esta disputa es el sobrentendido de que el Banco Mundial era una institución con credenciales éticas impecables, hasta que, según 42 antiguos ejecutivos del Banco, su crédito se vio “fatalmente comprometido” por Wolfowitz. (Muchos liberales de izquierda norteamericanos se han apuntado a ese cuento, presos de una prisa fugaz por obligar a los neocons a dimitir.) Porque lo cierto es que la credibilidad del Banco estaba ya fatalmente comprometida cuando, a cambio de un préstamo, obligó a cancelar las becas para estudiantes en Ghana; cuando exigió a Tanzania privatizar su sistema hídrico; cuando para prestar ayuda en las devastaciones del Huracán Mitch, puso como condición la privatización del sistema de telecomunicaciones; cuando exigió “flexibilidad” laboral tras la catástrofe del tsunami asiático en Sri Lanka; cuando impulsó la eliminación de subsidios alimentarios tras la invasión de Irak. A los ecuatorianos les importa un higo la novia de Wolfovitz; más agobiante les resultó que en 2005 el Banco Mundial dejara de transferirles los 100 millones de dólares que les tenía prometidos sólo porque el país osó gastar una porción de sus rentas petroleras en salud y educación. ¡Menuda organización antipobreza!
Pero el área en que el Banco Mundial tiene menos derecho a la autoridad moral es el de la lucha contra la corrupción. Dondequiera que haya habido pillaje estatal masivo en las pasadas cuatro décadas, allí han estado el Banco Mundial y el FMI en primera línea de la escena del crimen. Y no; no, no. No ( Sic ) es que se quedaran mirando para otro lado cuando las autoridades locales se llenaban los bolsillos; lo que hicieron fue poner negro sobre blanco y por escrito las reglas conforme a las cuales tenía que proceder el robo al grito de: “¡Más de prisa, hagan el favor!” (un proceso conocido como terapia de choque y de saldo rápido).
La Rusia bajo liderazgo del recientemente fallecido Boris Yeltsin es un caso harto instructivo. Ya en 1990, el Banco Mundial colocó a la antigua Unión Soviética ante la tarea de imponer inmediatamente lo que llamó una “reforma radical”. Cuando Mijail Gorbachov se negó a seguir ese curso, Yeltsin tomó el relevo. Este buldózer de hombre no dejó estorbo ni títere con cabeza a la hora de allanar el camino trazado desde Washington, ni siquiera se contuvo ante los políticos rusos electos. Tras ordenar en 1993 a los tanques abrir fuego sobre los manifestantes, matando a cientos y dejando al Parlamento en llamas, quedaba todo listo para las privatizaciones a precio de saldo de los bienes estatales más preciados en beneficio de los llamados oligarcas. Ni que decir tiene: el Banco estaba allí. A propósito del frenesí legislador, completamente ajeno a cualquier control democrático, que siguió al golpe de Yeltsin, comentó en el Wall Street Journal Charles Blitzer, el economista en jefe del Banco en Rusia: “Jamás me había divertido tanto en toda mi vida”.
Cuando Yeltsin dejó el cargo, su familia se hizo inexplicablemente rica, mientras muchos de sus diputados se revolcaban por el lodazal de los escándalos de corrupción. De todo eso se informó, como siempre, en occidente como si se tratara de excesos locales desafortunados de un proyecto de modernización económica globalmente ético. De hecho, la corrupción resultaba inherente a la idea misma de una terapia de choque. La turbulenta aceleración del cambio era crucial para aplastar el amplio rechazo que despertaban las reformas, pero significaba al propio tiempo, y por definición, que era imposible su control. Además, los beneficios para los funcionarios locales resultaban incentivos imprescindibles para que los apparatchiks rusos generaran el amplio mercado abierto exigido desde Washington. Ello es que hay buenas razones para que la corrupción nunca haya sido una prioridad para el Banco y para el FMI: sus funcionarios comprendieron cabalmente que para reclutar políticos a favor de unos programas económicos que necesariamente habrían de reportarles furiosos enemigos en sus propios países, hay que estar dispuesto a llenar un poco las cuentas bancarias que esos políticos tienen en el extranjero.
Rusia está lejos de ser un caso único: desde el Chile del dictador Augusto Pinochet, que acumuló más de 125 cuentas bancarias mientras construía el primer estado neoliberal, hasta la Argentina del Presidente Carlos Menem, que conducía un deslumbrante Ferrari Testarossa rojo mientras liquidaba su país, pasando por los “millones extraviados” en el Irak de hoy: en todos los países hay una clase de políticos ambiciosos y sanguinarios dispuestos a actuar como subcontratistas de Occidente. Cobran honorarios, y a esos honorarios se les llama corrupción: esa socia callada pero omnipresente en la cruzada privatizadora del mundo en vías de desarrollo.
Las tres instituciones capitales de esa cruzada han entrado en crisis. Y no por sus hipocresías pequeñas, sino por las superlativas. La OMC no puede volver a encarrilarse, el FMI está en bancarrota, desplazado por Venezuela y China. Y ahora el Banco Mundial rueda por despeñaderos.
Informa el Financial Times de que cuando los ejecutivos del Banco Mundial dan consejos, “ahora se les ríen en la cara”. Tal vez todos deberíamos reírnos del Banco. Pero lo que en ningún caso habría que hacer es colaborar en el blanqueo de su ruinosa historia repitiendo el necio cuento de que la reputación de una respetable organización antipobreza ha resultado humillada por un hombre. Se comprende que el Banco quiera tirar a Wolfovitz por la borda. Yo digo que el barco debe irse a pique con su capitán.
Paradójicamente vivimos en un mundo donde la pelea la llevan perdida los valientes. El caballero de honor considera indigno batirse con un bellaco o con un servil y menos mide sus fuerzas con la fragilidad. Ante una dama se rinde y al niño que le dá un puntapié, lo acaricia. Pero el mundo de la caballería tuvo que ser borrado del mapa e impusieron y forzaron unos sinuosos métodos que suplantaron el código de honor. Ernesto Sabato en su ya citado Informe Sobre Ciegos* lo reconoce: No había reflexionado hasta ahora en ese inquietante signo, aunque siempre pensé que no se puede luchar durante años contra un poderoso enemigo sin terminar por parecerse a él; ya que si el enemigo inventa la ametralladora, tarde, o temprano, si no queremos desaparecer, también hay que inventarla y utilizarla y lo que vale para un hecho burdo y físico como un arma de guerra, vale, y con más profundos y sutiles motivos, para las armas psicológicas y espirituales: las muecas, las sonrisas, las maneras de moverse y de traicionar, los giros de conversación y la forma de sentir y vivir; razón por la cual es tan frecuente que marido y mujer terminen por parecerse.
Sí: poco a poco yo había ido adquiriendo muchos de los defectos y virtudes de la raza maldita.
Es por ello que ya muy pocos nos preguntemos por qué casi todos sentimos náuseas ante las lacras que reemplazaron las virtudes, pero casi todos terminaron por aceptarlas con resignación cobarde: ¡El mundo es así!, ¡Qué le vamos a hacer!, ¡No lo podemos cambiar!, ¡La crítica es de mala educación!.
Dejemos ahora que sea el mismo Sabato quien nos describa lo que ya casi nadie percibe a su alrededor por haberse “acostumbrado”: Así pues, en aquella vasta caverna, entreveía por fin los suburbios del mundo prohibido, mundo al que, fuera de los ciegos, pocos mortales deben de haber tenido acceso, y cuyo descubrimiento se paga con terribles castigos y cuyo testimonio nunca hasta hoy ha llegado inequívocamente a manos de los hombres que allá arriba siguen viviendo su candoroso sueño, desdeñándolo o encogiéndose de hombros ante los signos que deberían despertarlos: algún sueño, alguna fugaz visión, el relato de algún niño o un loco. Y leyendo como simple pasatiempo los relatos truncados de algunos de los que acaso llegaron a penetrar en el mundo prohibido, escritores que terminaron también como locos o como suicidas (como Artaud, como Lautréamont, como Rimbaud) y que, por lo tanto, sólo merecieron la condescendiente mezcla de admiración y desdén que las personas grandes sienten por los niños.
Sentía, pues, a seres invisibles que se movían en las tinieblas, manadas de grandes reptiles, serpientes amontonadas en el barro como gusanos en el cuerpo podrido de un gigantesco animal muerto; enormes murciélagos, especie de pterodáctilos, cuyas grandes alas ahora oía batir sordamente y que, en ocasiones, me rozaban con asquerosa levedad el cuerpo y hasta la cara; y hombres que habían dejado de ser propiamente humanos, ya sea por el contacto perpetuo con aquellos monstruos subterráneos, ya por la misma necesidad de moverse sobre terrenos pantanosos; de manera que más bien se arrastran en medio del barro y de la basura que en aquellos antros se acumulan. Detalles que aunque no pueda decir que los haya verificado con mis ojos (dada la oscuridad que domina), los he presentido por mil indicios que nunca nos dejan equivocar: un jadeo, una manera de gruñir, una forma de chapotear.
¿Hasta cuándo lograrán los profetas y predicadores de la separación de poderes engañar a las masas con la falacia de que es un sistema que garantiza la independencia y autonomía de los poderes públicos y consecuentemente le asegura a la sociedad una democracia con justicia a toda prueba?
La forma de estado o régimen que ellos crearon, supuestamente aislaba y blindaba cada uno de los poderes, sin permitir que se intervinieran entre sí y menos, que ninguno controlara a otro o lo interfiriera.
Pero vemos asombrados que ha sido precisamente esta construcción “democrática” la que se ha convertido en la mayor amenaza contra el orden social.
Nos encontramos, como ya vimos, con poderes judiciales sugeridos o nombrados o controlados por el poder legislativo y el ejecutivo, esto es, la indeseable y peligrosa bomba de una justicia sin autonomía en manos de los políticos, que no puede actuar en nombre y beneficio de la sociedad, sino de intereses partidistas, casi siempre mezquinos.
La misma cuna de la Revolución Francesa, promovida y llevada a infeliz término por los Iluminados de Baviera, ha sido victima de aberrantes y protuberantes escándalos de corrupción.
Cómo opera y cómo no debe operar la justicia, nos lo demuestra, entre otros, el desvergonzado y continuado robo a la empresa petrolera estatal de Francia Elf-Aquitaine, que nos describe la valiente y admirable juez que instruyó el caso y que milagrosamente logró sobrevivir para contarlo. Quienes quieran adentrarse por laberintos de una siniestra y amarrada justicia; transitar por kafkianos y tenebrosos sótanos y ver cómo, para que la justicia se pueda acercar al poder, hay que llegar hasta la antesala del infierno; debe leer el espeluznante testimonio de la magistrado Eva Joly, “IMPUNIDAD, La corrupción en las entrañas del poder”*, donde un ser excepcional consiguió heroicamente desenmascararnos los vericuetos de esa “justicia“ arrodillada.
Para darnos una idea del tortuoso camino que debió recorrer esta valerosa mujer, baste citar de su relato algo que aparece bajo el subtítulo Mi hilo de Ariadna: … Elf posee servicios financieros de alta tecnología en los que ingenieros superdiplomados, asesorados por hábiles abogados de negocios, han montado, desde hace años, entramados de sociedades pantalla y de invisibles pagos bajo la mesa, cuyas ramificaciones se extienden por varios continentes. ¡En una lista de transacciones que puede medir varios metros tenemos que buscar, a veces, un único ingreso, aparentemente idéntico a todos los demás! Trabajamos durante jornadas de doce horas, multiplicando las audiencias y los interrogatorios.
Ya sus lacayos, siempre provistos de todo el dinero necesario, anunciaron a los matones el precio que habían puesto a la cabeza de tan atrevida juez que había osado averiguar lo vedado.
Un desconocido que dijo llamarse Franz, apartó a la arrojada Juez durante una fiesta y le dijo: Señora, debe usted comprender que el 98% de los delitos pueden ser juzgados. Pero que queda un 2% que la justicia no puede solucionar. Se los llama “secretos de Estado”. Hay muchos intereses poderosos a su alrededor. Tenga cuidado. El Estado posee guardianes de sus secretos. Y no se andan con chiquitas. Hay que ser razonable.
El “cuarto poder” que es la niña de los ojos del poder tras bambalinas, el encargado de resguardar su democracia, salta al ruedo para confundir más a una opinión pública obnubilada por lo apabullante de los hechos. Con palabras de la misma Eva Joly, el caso se ve desbordado mediaticamente. El aluvión de noticias se vuelve incontrolable. Cuando un informe llega a un cierto grado de notoriedad, es víctima de la maldición de los recortes de prensa: Los artículos que se van recopilando, en los cuales se mezclan verdades y errores, forman una historia autónoma, un culebrón de la mentira-verdad. La realidad mediática se autoalimenta, corriendo el riesgo de desbancar a la realidad del sumario.
Más adelante: …nos va a envolver una bola de fuego mediático, que puede arrastrarnos.
Esta señora que tiene el temple de los aceros finos no se deja derrumbar y afirma: Me acostumbro al miedo. Convivo con él así como se lucha contra una enfermedad vergonzante.
Un gran periodista español, Juan Tomás de Salas, antiguo editor de Diario 16, da pruebas de procedimientos similares en España: Los ideales se han desvanecido. Ya no hay periodismo de investigación, sino poderes ocultos que filtran a menudo la información a su antojo. Estos poderes nos han utilizado en sus luchas personales.
Mientras lucha contra corriente esta magistrada va constatando que es una minúscula pieza dentro de una gigantesca maquinaria judicial engrasada por delincuentes:
De esta forma transcurren a veces nuestros días: pasando el tiempo en demostrar que no estamos locos, mientras que violaciones tan graves de la ley –como grabar el contenido de un interrogatorio o ponerle escuchas a un magistrado- sólo nos movilizan a nosotros y no alteran a nadie más de la jerarquía judicial.
Vivimos en un extraño país, en el que los robos de pruebas, las escuchas indiscriminadas, el espionaje, los golpes bajos, todas esas prácticas extraordinarias son ya casi para nosotros el pan de cada día… ¿Quién se preocupa aún por ello en Francia? Durante diez años, en los sumarios que he instruido, incluso parcialmente, la destrucción de archivos funcionó como un deporte nacional.
Más adelante constata: Detengo aquí esta desoladora lista de delitos que hacen que la República francesa se asemeje a una democracia de ficción, donde los criminales exhiben la arrogancia de la impunidad. Entramados organizados, respaldados por una logística sofisticada, les permiten todo: hostigar a los magistrados, robar informes, asaltar cualquier domicilio o destruir pruebas comprometedoras… Pero el mundo gira al revés: al parecer se protege a los sospechosos, mientras que se desafía a los magistrados.
Y se pregunta: ¿Todos los negocios industriales tienen un doble fondo en el no man´sland de la globalización financiera?
Agrega: Enfrentados a la soberanía de la impunidad a que las proporciones habitualmente aceptadas entre la corrupción y el respeto de la ley se tergiversen, debemos replantearnos sin cesar la visión del mundo.
En ese rosario de los misterios dolorosos Eva Joly refiriéndose a la “libertad de información“ y a la “democracia“, cuando de la desviación de fondos de varios miles de millones se trata, nos informa: Cuando la mayoría de los políticos y de los intelectuales han echado pestes contra los jueces, han aparecido algunos periodistas valientes que defienden la aplicación de la ley frente a los poderosos. Se encontraban completamente solos.
Pero lo más desconcertante de todo, no es constatar esas monumentales mentiras que rigen la sociedad actual: democracia, libertad de información, sino ver cómo ese laberinto financiero controlado por bancos de la organización, desemboca irremediablemente en paraísos fiscales organizados y reglamentados por ellos mismos, donde el dinero sucio es huésped bienvenido y es arropado con el manto de la impunidad del secreto bancario.
La lección más profunda que nos ha dejado esta tenaz gladiadora de ese circo en que los corruptos convirtieron la justicia, es ver cómo un ser humano solitario, amenazado, sitiado; a quien se le violaron todas las garantías que la fementida justicia otorga a sus jueces, no claudica ante barreras, cada vez más grandes y que el sistema putrefacto las va haciendo infranqueables, pero Eva Joly se va creciendo hasta alcanzar una grandeza alimentada por su virtud y su valor, con la que los prestidigitadores del mal nunca contaron.
Esa iustitia, como la llamaron los romanos o dikaiosyne, los griegos, y filosoficamente definida como virtud individual y norma de la sociedad, que el derecho le imprime normas y para la moral cristiana es una virtud cardinal, es una virgen inviolable, pues no es un producto de la carne, sino un reflejo de Dios y a Dios no lo puede ensuciar ningún ave de rapiña con su carroña.
Los derechos del individuo o de la sociedad podrán ser violados, pero la justicia prevalecerá intacta en las conciencias no deformadas y sólo es asunto de tiempo para que quien es la misma Justicia, falle.
Sigamos con el heroico testimonio:
Cuando fue arrestado Alfred Sirven por ser sospechoso de un desfalco de más de mil millones de francos y había huído, su caso fue presentado como una cacería de brujas, y evocan una vez más los sacrosantos derechos humanos.
Toda esta indignante prueba de la corrupción con que se manejan las sociedades contemporáneas, relatada desde la fuente misma de los acontecimientos por la protagonista principal que actuaba en nombre del Estado y luchaba contra corriente por imponer justicia, es digna de citar integramente y debería ser conocida por todos los que aún creen en pajaritos de oro, pero aquí y en aras de la brevedad, nos limitamos a citar algunos acápites, que uno solo de cada uno de ellos lo dice todo:

 Nuestra investigación es como un sondeo a tamaño natural, una muestra de terreno que nos descubre los sedimentos enterrados en profundidad. Comparada con otros casos en curso, confirma la magnitud de una cultura de la corrupción donde la trasgresión de la ley no es ni siquiera lo que está en juego.*
 En Roma, uno de los empresarios más incriminados de Italia se ha convertido en el presidente del Consejo1. En Francia, numerosos políticos, después de haber purgado sus condenas, son reelegidos triunfalmente.*
 He visto que la impunidad es la norma y la ley la excepción. He comprobado los límites de la Justicia.*
 Porque la corrupción es un secreto para iniciados que se juega entre pocos jugadores. Son muy pocos los que han tenido la suerte de penetrar en el meollo del asunto, más allá de las apariencias, y que han podido contarlo.*
 Pero la gran corrupción es invisible, se incrusta en el corazón del poder más insospechado.*
 Hasta los cincuenta años, yo formaba parte de aquellos que creen en la grandeza de las instituciones y en la nobleza del poder. Reivindico este largo período de ingenuidad.*
 Silvio Berlusconi, el hombre más rico de Italia, convertido en presidente del consejo gracias a una campaña con bombos y platillos, ha adaptado las leyes para extender la prescripción de los delitos financieros, repatriar los capitales ilegales y suprimir, de facto, ciertos delitos, como por ejemplo la presentación de balances falsificados.*
Como ha escrito el premio Nobel de Literatura Dario Fo:
Nos encontramos ante la paradoja más insensata, digna de Ubú rey, la farsa de lo imposible: se hacen leyes expresamente para el rey, se escoge a los ministros dentro de su corte y defienden sólo sus propios intereses. El Cavaliere y sus subordinados son plenamente conscientes de que tienen todos los poderes en su mano y de que disfrutan de total impunidad.*
 En Estados Unidos, la investigación oficial acerca del “Contragate” ha puesto en evidencia la colaboración de la CIA con los distribuidores colombianos de cocaína con el fin de financiar a la Contra nicaragüense. Mientras, en Panamá, Manuel Noriega, asalariado de la agencia de información norteamericana, ayudaba a blanquear el dinero de los narcotraficantes latinoamericanos. En Europa, ciertas organizaciones independientes tales como el Observatorio Geopolítico de las Drogas han denunciado en varias ocasiones la tolerancia de las autoridades comunitarias en cuanto al tráfico de estas sustancias. Es así como las grandes potencias combaten con la mano izquierda lo que toleran, e incluso protegen, con la mano derecha.*
 Existe riesgo de ver cómo nuestros esfuerzos se pierden en un absurdo, kafkiano, agujero negro, porque la comprensión profunda del problema se nos escapa. Mi convicción, basada en ocho años de experiencia sobre el terreno, es que no encontramos la solución a la ecuación de la delincuencia financiera porque esta última conlleva demasiadas incógnitas. Debemos aislar una variable y concentrarnos en ella. La corrupción a gran escala es el nudo gordiano. Si se cortase, el juego cambiaría de forma espectacular.*
 Con la globalización financiera de estos últimos veinte años hemos cambiado de dimensión. La actual corrupción a gran escala es un fenómeno radical: ya no es individual sino inherente al sistema. Las cantidades a las que nos referimos no sólo han dejado de ser marginales, sino que, por el contrario, las transferencias de riqueza ilícitas quebrantan en profundidad nuestro edificio político.*
 El mercado global ha permitido la aparición de una corrupción global.*
 Entre los años 1991 y 1999, las exportaciones de armamento anuales –oficiales– de Francia ascendieron a 5,61 miles de millones de euros (37 mil millones de francos) al año. Una tasa media de 20% de comisión equivale a 1,12 miles de millones de euros (7,4 miles de millones de francos) en fondos reservados entregados cada año. Una tasa máxima del 40% corresponde a 2,24 miles de millones de euros (14,7 miles de millones de francos) de dinero en negro.*
 Once de las 16 principales sociedades francesas intervienen en un sector en el que la práctica de la corrupción a gran escala es moneda corriente: Total, Vivendi Medioambiente, Bouygues, Vinci, Airbus… Pero esta realidad sólo se expone tan directamente en contadas ocasiones. Tanto más si tenemos en cuenta que la mayoría de los medios de comunicación nacionales pertenecen a dichos grupos, hecho que no incita ni a la curiosidad ni al debate. La cadena TF 1 es la propietaria del grupo Bouygues; Le Figaro y L´Express están controlados por el grupo Dassault; Europe 1, Paris Match y la mayoría de las editoriales pertenecen al grupo Lagardére.*
 La realidad de la corrupción a gran escala sobrepasa nuestro entendimiento. Nos produce una especie de estupefacción. Y también de espanto.*
 Una cultura de malversación ha adquirido su título de nobleza.*
 La corrupción a gran escala se nutre de lo que los italianos llaman el circolo vizioso dell´arroganza (el círculo vicioso de la arrogancia). Se asemeja al infierno: es fácil entrar y casi imposible salir de allí. La impunidad permite medrar sin problemas.*
 Luxemburgo es un país “honorable”, que cuida las apariencias para salvar su estatuto de país fundador de la Unión Europea.*
 Otra vez Ubú rey.
Por una ironía de la historia, una de las dos grandes jurisdicciones europeas, la Corte de Justicia, tiene su sede en ¡Luxemburgo! Este tribunal, en sus sentencias sobre la competencia se refiere cada vez con más frecuencia a la protección de los derechos humanos fundamentales. Ahora bien, los jueces comunitarios están instalados a unos cuantos cientos de metros de los 320 establecimientos financieros del gran ducado, entre los cuales se halla la cámara de compensación Clearstream, un engranaje fundamental del peligroso juego de los productos derivados: 50 billones de euros cambiados al año, 16 mil cuentas bancarias abiertas por establecimientos oriundos de 150 países, 41 de los cuales son paraísos fiscales… El Tribunal de Justicia cohabita sin vergüenza con las 12 mil sociedades pantalla matriculadas en Luxemburgo, ese remanso para la delincuencia financiera en el cual, por una burla del destino, el mismo hombre ocupa las funciones de ministro del Tesoro y de ministro de Justicia.*
 Pero la democracia ya no será más que una fachada. ¿En un mundo así queremos vivir?*
 Esa es la herencia del Siglo de las Luces.*

Es de anotar, que la publicación del libro de Eva Joly IMPUNIDAD, La Corrupción en las entrañas del poder se prohibió inicialmente.
Un índice que muestra cuánto abarcan las garras del dragón, lo tomamos del Epílogo hecho por el Juez Baltazar Garzón al libro de Eva Joly:
 En Italia, en 1994, dos tercios de los parlamentarios estaban imputados en procesos de corrupción; en Alemania, Helmut Kohl fue acusado en 2000 y 2001 de financiación irregular del partido conservador; en España, los escándalos por corrupción jalonan la década de los noventa, llegando hasta nuestros días –hasta Asia –en Japón, donde se admite que la corrupción es un mal endémico, han aprendido a convivir con ella; en China, el anterior presidente de las líneas aéreas nacionales fue condenado a muerte por apropiación indebida de fondos–, pasando por América –en el año 2000, poco tiempo antes de finalizar su mandato, Bill Clinton indultó a cuarenta personas que habían sido condenadas por delitos económicos; o lo sucedido en México con el caso PEMEX–.*
 Hoy día se percibe que lo político, en una especie de onda expansiva, trata de abarcar todas las manifestaciones clásicas (el Poder Judicial es una de ellas), al tiempo que pasa a depender del poder económico, multinacional y globalizado (el poder de las corporaciones).*

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